El talón de Aquiles de un presidente de México

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Quién lo iba a decir. Por supuesto que en un principio ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto consideraron que ellas, Marisela Morales y Rosario Robles, serían el fiel de la balanza que pondría en jaque a su administración al grado de rayar en el escándalo.

Todo lo contrario, fueron tomadas en cuenta como una pieza fundamental dentro de su estrategia para alcanzar objetivos concretos que pudieran encumbrarlos en la historia del país que les tocó dirigir. Lo mismo que han deseado todos los que han pasado por ahí.

A pesar de la enorme experiencia en cada uno de sus campos, los hechos caen por su propio peso y tanto la ex procuradora General de la República, como la actual secretaria de Desarrollo Social son objeto de la crítica y el escrutinio como consecuencia de un estilo personal para obtener resultados.

El ascenso de Marisela Morales para llevar las riendas de la PGR en el último par de años de Calderón fue aclamado en su momento por su trayectoria y la coyuntura de tener a la primera mujer en México como abogada de la Nación. Su trabajo fue la piedra angular del plan calderonista para trascender como el presidente que atacó frontalmente al crimen organizado, lo que derivó en detenciones y persecuciones espectaculares que resultaron, muchas de ellas, meras pifias.

No podía ser de otra forma, sobre todo cuando mucha de esa labor era sustentar por la vía jurídica los casos que llevaba a la mesa la máquina de sueños y fantasías hollywoodescas de García Luna Productions. Aunado a eso, se cuenta el programa de testigos protegidos que la ex procuradora instauró como una réplica del aplicado en EEUU para cazar mafiosos, aunque no contaban con su astucia y su tendencia a tropicalizar las cosas tomando a mentirosos compulsivos como base de sus indagatorias.

Así, vimos a más de una decena de alcaldes, otro par de docenas de funcionarios y hasta un general en retiro del Ejército pasar de su escritorio a la rejilla de prácticas para después quedar libres porque la magia de la televisión no pudo sustentar pruebas y dejó a Marisela Morales en un auténtico drama del calibre de Colorina, Tú o nadie y El extraño retorno de Diana Salazar, mientras su expatrón quedó como el peor productor ejecutivo de los últimos tiempos.

La misma suerte podría correr Peña Nieto, aún cuando dicen por ahí que tiene el carisma de Ronald Reagan, el intelecto de Barack Obama y las habilidades políticas de Bill Clinton. No se ensañen conmigo, el departamento de quejas está en la revista Time.

Y es que si bien bastaron cuatro meses para tumbar el show cómico-mágico-musical de Calderón, a Rosario Robles le está siendo suficiente una semana para acabar con el frenesí del nuevo gobierno que con su Pacto por México creyó que la tenía ganada.

Muchos le cantarán al presidente que se lo dijeron antes, más que nada por poner a doña Rosario en una de las carteras donde el mapachismo electoral tiene su madriguera. Una de dos, o le tocó la rifa del tigre o bien, no se pudo resistir a poner en práctica ciertos movimientos que la hicieran recordar los bellos momentos en que peleaba en la jungla perredista entre tribus bejaranas, chuchas y otras más.

Nada más hay que hacer un pequeño recuento. En menos de lo que canta un gallo en horario de verano ya le llovió por querer matar el hambre a punta de churrumais con limoncito, pecsis y café soluble; por gastar miles de pesos (hay quien dice que millones) para promocionar en Twitter todo un día dos palabritas (Sin Hambre) con técnicas que recuerdan los tiempos de Solidaridad, por lo que no será raro que en poco tiempo veamos una nueva canción flotando en el aire haciéndonos olvidar la sensación de la panza vacía porque el dolor de los oídos será peor.

Y como eso no le bastaba, que se le viene encima un escandalazo de desvío de recursos para apoyar a candidatos priistas en Veracruz con fondos y programas de la Sedesol, acusación que la llevará a comparecer ante el Senado si es que algo más no se le acumula en este fin de semana. Porque si algo hemos aprendido en la capital con Rosario Robles es que los récords fueron hechos para romperse. Sería sublime ver a Carlos Ahumada de regreso y entonces sí, no habrá ni como ayudarle. Tan bonito que la estaba pasando Peña Nieto en Japón y le encuentran su talón de Aquiles.

Ya no puede uno lucir el producto del sudor de su frente y andar por ahí con su Mercedes-Benz adornado con dados de peluche porque enseguida salen los resentidazos sociales a querer desquitarse a como de lugar por poner en evidencia que todos somos iguales, pero con distinto código postal. Ahí tienen al pobre diputado José Rangel Espinoza, que vio cómo se le escapaba de esas manos que se posan sobre el volante de su ‘Meche’ con charola (nomás para estacionarlo, para que les arda más) la tan ansiada presidencia de la comisión que investiga el caso Monex. Que porque él es priista y entonces sería juez y parte. ¡Por favor! Si el hombre es tan consciente y ecuánime con su labor que hasta sincerote es, pues asegura que representa sólo a los que votaron por él en Atlacomulco, incluido el Presidente, sin darse cuenta que una vez elegido, representa a todos los de su distrito, incluidos hasta los que no votaron siquiera. El legislador asegura que le quitaron el gusto de presidir la comisión para desquitarse de su affaire de portar un arma sin caballo (en serio, tiene permiso, pero solo si se viste de charro) y por ponerle charola en vez de placa a un auto que no cualquier diputado puede tener, porque el mismo coche no arranca al sentir la falta de percha.  Al cabo que ni quería.

capos-jpg_113448 El talón de Aquiles de un presidente de México Curiosidades

Todo indica que este gobierno va encontrando el camino correcto para acabar con la delincuencia en este país y su último descubrimiento no tiene parangón, pues todo se solucionará con callarnos un poquito, fijarnos en lo que decimos y lo mejor, en lo que aspiramos. Por eso, el subsecretario de Normatividad y Medios de Gobernación, Eduardo Sánchez, pidió a los estados no abonarle a la mercadotecnia y abstenerse de usar palabras que el narco popularizó como “lugarteniente”, “cártel”, “capo” o “jefe de finanzas”, pues los vuelve personajes aspiracionales. Habría que mencionarle que si alguien popularizó esas palabras fue la administración pasada, con esa tendencia de hacer teatro y poner frente a cada detenido un arsenal que ni las dos Coreas almacenan juntas, aún cuando la batalla de su captura se hubiera llevado con puras resorteras. Luego entonces, lo mejor será irle quitando esos nombres a las cárteles y endilgarles los de antaño, algo así como ‘Panchitos’, ‘Farmacios’ y ‘Gorilas’. Porque el problema es ese, de pura concepción, semántica y psicología. Ya verán ustedes, que sólo con no mencionarlos, van a desaparecer… ¿Lo ve?

Fuente: Yahoo noticias

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